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Resumen 

En el artículo se abordan tres ejes: el rol actual de las familias en los procesos de búsqueda e identificación de personas desaparecidas, la impartición de talleres como herramienta para fortalecer y empoderar los conocimientos de las familias, y cómo ambos permiten dar certeza a las familias respecto a los procesos técnico-legales de la identificación forense. El tema se plantea desde una postura teórica-metodológica decolonial, crítica y pedagógica-colaborativa para fomentar el diálogo de saberes entre científicos forenses y familiares de personas desaparecidas en México. 

Palabras clave: Antropología forense, identificación, ontologías, saberes, alfabetización. 

Abstract: 

This paper focuses on three axes: the current role of families in the process of search and identification of disappeared persons, the imparting of workshops as a tool to strengthen and empower the families’ knowledge and how both allow certainty to the families about technical-legal processes of forensic identification. Our proposal is raised from a decolonial, critical and pedagogical-collaborative stance to promote the dialogue of knowledges between forensic scientists and relatives of disappeared persons. 

Key words: Forensic Anthropology, identification, ontology, knowledge, alphabetization. 

Diálogo de realidades 

En México desde la década de 1960 el número de fosas clandestinas y personas desaparecidas ha incrementado significativamente. De acuerdo con el informe “Búsqueda, identificación y registro de personas desaparecidas” hasta julio de 2020, se contabilizaban aproximadamente 73,201 personas desaparecidas o no localizadas, y se habían encontrado alrededor de 3,978 fosas clandestinas en México, de las cuales se habían exhumado 6.625 cuerpos desde 2006 (1). A este respecto, la problemática que atraviesa el país se ve reflejada en el incremento paulatino de estas cifras, alcanzando las 91,323 personas desaparecidas hasta el 30 de agosto de 2021 (1). 

En medio de un contexto asentado en la “guerra contra las drogas”, los familiares de personas desaparecidas se han ocupado, desde hace más de una década, de buscar a sus seres queridos contribuyendo, desde sus propias experiencias y aproximaciones a la realidad, a los procesos de recuperación e identificación de las víctimas de la “guerra”. 

Aunque las bases para la identificación de personas empezaron a ser establecidas en el siglo XIX, desde las sociedades de Antropología de París, Londres, Moscú y Madrid, entre otras, hasta consolidar un método comparativo y reconstructivo como eje rector (2); en el Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense (GIASF), en el que trabajamos desde un enfoque multidisciplinar, compartimos la reflexión latinoamericana que apunta a que la situación de conflicto cambia sustancialmente el quehacer forense (2) y, por lo tanto, en nuestros territorios los métodos de identificación no son solo procesos científicos debatibles entre especialistas del gremio, sino que estos debates y la orientación de las investigaciones dependen mucho de la acción de los familiares. 

Esta es una particularidad del caso mexicano: las familias forman parte activa del cuestionamiento del conocimiento científico. Desde nuestro programa de trabajo hemos buscado aportar a la problemática que representa la efectiva identificación de las miles de personas desaparecidas y hemos encontrado una ruta de colaboración a través del trabajo pedagógico que realizamos. 

Desde el 2016, con la intención de socializar el conocimiento forense, empezamos a impartir talleres a algunos colectivos de búsqueda en los estados de: Nuevo León, Morelos, Coahuila, Michoacán, Guanajuato, Sonora, Sinaloa y, en este formato, participamos en la Segunda Brigada Nacional de Búsqueda que se realizó en Veracruz y la Caravana Internacional de Búsqueda en Guanajuato. Estos talleres nos permitieron acercarnos a las formas en que las familias se aproximan a la realidad y construyen conocimiento basado en sus propias prácticas y aprendizajes. 

Al mismo tiempo, el espacio de diálogo con las personas buscadoras nos permitió encontrar que en México se reproducen dilemas que el proceso de identificación ha enfrentado en otras partes de América Latina. Hablamos de la experiencia de maltrato y retraumatización que se ha generado en las familias que han participado en procesos de exhumación, o las dificultades técnicas para los procedimientos de identificación al enfrentarse a la recuperación de restos humanos muy fragmentados o degradados ante la exposición a sustancias químicas o altas temperaturas (3). 

Este hallazgo nos llevó a replantear la metodología que orientaba nuestro diálogo con quienes hacen búsqueda. De alguna manera, en el trabajo pedagógico que hacemos construimos bases para una alfabetización en saberes forenses, pero estamos trabajando con personas que a través de su propia experiencia han adquirido ya una brújula epistémica para orientarse en el campo. Paulo Freire nos dice que “alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra, creadora de cultura” (4) y, en este sentido, revisamos las propias bases de los saberes forenses para incorporar el saber de las familias en la metodología que sostiene un proceso científico de identificación. 

Desde la antropología, como ciencia social, las críticas a la modernidad hechas por Bruno Latour (5), Michel Foucault (6) o Boaventura de Sousa Santos (7), derivaron en lo que se conoce como Giro ontológico o Epistemologías del sur (8-15), cuya propuesta teórica metodológica cuestiona las formas de generar conocimiento y el cómo el antropólogo se relaciona con las comunidades con las que colabora. 

Al respecto, E. Viveiros de Castro parte de preguntarse “¿Qué le debe conceptualmente la antropología a los pueblos que estudia?” (14). Su objetivo es reconocer que la antropología debe ser “sensible a la creatividad y a la reflexividad inherentes a la vida de todo colectivo” (14). 

De acuerdo con Benjamín Alberti “nuestra tradición ha estado demasiado preocupada por cuestiones de conocimiento y menos preocupada por la naturaleza de lo que es” (8). Es decir, más allá, del interés por cuestiones epistemológicas, o cómo se produce conocimiento científico; deberíamos orientarnos de igual manera hacia cuestiones ontológicas, o sobre cómo se concibe la realidad. Este enfoque ha despertado interés en las ciencias sociales sobre temas como las emociones y la forma en que vivimos e interactuamos con el entorno natural y social que nos rodea (16).  

Pareciera que estas cuestiones son más filosóficas que prácticas, pero tienen un impacto en la manera en que producimos conocimiento útil y pertinente, sobre todo cuando las comunidades con las que interactuamos  son víctimas de graves violaciones a Derechos Humanos. No debemos olvidar que la arqueología y la antropología forense tienen “un trasfondo culturalmente constituido y que van de la mano con los procesos socioculturales” (17). 

Lo que propone el giro ontológico es un diálogo de saberes entre las distintas maneras en que las personas nos aproximamos a un fenómeno o evento. Para el GIASF este ha sido el fundamento de la veta pedagógica de nuestro trabajo: facilitar que los actores involucrados en la búsqueda de personas desaparecidas se apropien de sus conocimientos y experiencias sobre los procesos de búsqueda y establezcan puentes de contacto con el saber formal de las ciencias forenses. 

Arqueología forense 

En el caso de la arqueología, el giro ontológico ha permitido cuestionar la visión positivista de que los cuerpos muertos son objetos-materiales, y en diálogo con el saber de las personas buscadoras les ha devuelto su agencia, trayendo de nuevo a la “vida” a los “tesoros” o “angelitos”, como las familias se refieren a las personas que son localizadas sin vida (18). 

La expresión de Nora Lira, integrante de Rastreadoras de Ciudad Obregón (en el  estado de Sonora) cuando encontró a su hija inhumada en una fosa clandestina, muestran el trato cuidadoso y cariñoso que reciben los huesos de su hija mientras son recuperados (18). Algo que contrasta con la visión distante y cautelosa con la que los científicos forenses suelen atender el mismo tipo de hallazgo. Desde el enfoque del diálogo de saberes, ninguna de las aproximaciones es correcta o incorrecta, ambas obedecen a formas distintas de enfrentar la realidad y abonan en el proceso de localización e identificación. 

Lo mismo ocurre con los objetos asociados. Mientras que, para un científico forense, un fragmento de ropa o calzado, podría o no convertirse en un indicio (dependiendo de su probable relación con un hecho criminal), para las familias representa un recuerdo y el rastro de una identidad negada. 

Las exigencias más comunes de las familias radican justamente en ese sentido: en el trato digno al cuerpo mediante el seguimiento de protocolos y procedimientos adecuados; y la recuperación de la totalidad de fragmentos, piezas óseas y otros indicios asociados. Desde su perspectiva, el trato respetuoso favorece el regreso de la mayor cantidad de fragmentos que constituyen y dan identidad a nuestros desaparecidos. Estas exigencias, por supuesto, tienen repercusiones técnicas/científicas y coinciden con el correcto seguimiento de los protocolos nacionales e internacionales y con el adecuado seguimiento de la cadena de custodia. 

Antropología física forense 

En el caso de la antropología forense, durante los talleres hemos observado la familiaridad que muchas de las personas que hacen búsqueda han construido con los restos óseos. En este sentido, el espacio del taller funciona para fortalecer los saberes adquiridos a través de la experiencia y ampliar la relación que las personas tienen con el marco legal y conceptual que rodea la búsqueda. 

Existen varias disciplinas científicas (dactiloscopia, odontología, medicina forense, antropología forense y criminalística) que tienen como objetivo proporcionar una identidad a los cuerpos exhumados. Esto significa devolverles su nombre y su lugar en el seno familiar y social del cual fueron arrancados. Para ello, la metodología científica debe ser la base de todo estudio forense. Sin embargo, la desconfianza en las autoridades persiste en los trabajos realizados por los laboratorios de las instituciones forenses.  

El informe sobre la crisis forense en materia de identificación realizado por el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (1), reveló que las autoridades se encuentran rebasadas en cuanto a sus capacidades para recibir, identificar y entregar o resguardar y dar seguimiento a las personas fallecidas que ingresan a los servicios o instituciones forenses del país. 

Si bien identificar a las víctimas es la misión principal de las áreas forenses, y una cuestión necesaria para hacer frente a la crisis forense de México, también debe estar presente en todo momento revelar las circunstancias que rodearon la muerte de estos “tesoros” o “angelitos” desaparecidos. Así, por ejemplo, la antropología forense presenta los métodos oportunos para hacer hablar a los huesos (19) y la genética forense se desprende como una disciplina concluyente en la búsqueda de la identidad (20). 

La exaltación que se da al método científico como único medio para acceder a la verdad genera ciertas expectativas en los familiares para la resolución de sus inquietudes e incertidumbres. Por esta razón en los talleres con los colectivos generamos un espacio crítico de diálogo sobre los alcances y limitaciones que la antropología y la genética sostienen. 

En los espacios de interacción que cultivamos desde el GIASF, los colectivos han sentido la seguridad y confianza para exponer sus inquietudes y las dificultades que afrontan para llegar a la identificación de los cuerpos exhumados en las fosas clandestinas. Así, estos lugares de diálogo y aprendizaje sirven para alivianar dudas con respecto a la fiabilidad y viabilidad de extraer ADN de los restos hallados, su temor a que las cremaciones imposibiliten totalmente la identificación de los cuerpos incinerados y la información que la antropología forense puede aportar al analizar los huesos. 

Colectivos de búsqueda de personas desaparecidas con mayor experiencia, como en Veracruz y Tamaulipas, mantienen y recomiendan una postura crítica sobre el análisis genético de muestras biológicas. En palabras de Vivette García-Deister y Carlos López-Beltrán: “La inseparable unión entre la técnica y la institución usándola para investigar hace que las tecnologías del ADN sean percibidas por los grupos afectados como navajas de dos filos que pueden cortar a favor o en contra de un interés determinado, nunca como productores monolíticos de verdad” (21). 

Al posicionar a las familias frente a los alcances, limitaciones y retos que tienen las ciencias forenses en el proceso de identificación, además del esclarecimiento de la causa de muerte, vale la pena considerar dos cosas:  

  1. Los fallos que reiteradamente han cometido las autoridades mexicanas en procesos de inhumación, exhumación, elaboración de análisis, y presunta identificación han generado una profunda desconfianza entre las familias. Sobre esta base ¿qué tan exitoso puede resultar un proceso de identificación si las personas no confían en la información científica que se le proporciona?  
  2. Al incorporar los saberes forenses, a su acervo de conocimiento, las personas adquieren capacidades para navegar entre los dictámenes científicos y reconocer cuando necesitan la asesoría de otro experto forense. Esto significa, que se les proporcionan las herramientas necesarias para que puedan identificar la calidad, estructura y profundidad que debe llevar cada trabajo científico a partir de la evaluación de las limitaciones y retos que presenta cada caso particular.  

Enseñanzas compartidas 

Abordar y hacer accesible para las familias la metodología científica encargada del proceso de identificación de los cuerpos exhumados les aporta certidumbre y seguridad. Asimismo, conocer las problemáticas que deben enfrentar las personas buscadoras en su incursión por recuperar e identificar los cuerpos inhumados en fosas clandestinas o panteones municipales, proporciona un foco de atención sobre el cual centrar las investigaciones científicas en antropología y genética, entre otras disciplinas. Ya que un buen trabajo riguroso, minucioso y sistemático requiere de un conocimiento profundo sobre la problemática que se pretende abordar.  

Los talleres y el trabajo de alfabetización forense representan ese espacio físico, y hoy virtual por la pandemia, que facilita el trabajo conjunto entre la ciencia y la experiencia de los familiares en búsqueda de sus seres queridos. Las problemáticas que han experimentado, las dudas que les generan los procedimientos, las mejoras que consideran deben realizarse a partir de sus aprendizajes, vivencias y desvelos. De esta manera, consideramos que la realidad forense que vive México se construye en el encuentro entre saberes. 

Las identificaciones, como se ha insistido desde las familias y sus acompañantes, inician desde la planeación de la búsqueda y el adecuado manejo del escenario forense. Es por ello que consideramos urgente la actualización del Protocolo para el Tratamiento e Identificación Forense de la ahora Fiscalía General de la República y la creación de los protocolos pendientes en materia de arqueología, antropología física, genética, entre otras (22). Estos protocolos deberán incluir las experiencias y conocimientos de las familias y colectivos para que puedan realmente contribuir a la localización de las más de 90 mil personas desaparecidas (1) y a la identificación de las 52,004 que permanecen sin identificar (23).   

Quienes hacen búsqueda ciudadana en México ya han producido frutos de gran utilidad tanto para las comunidades científicas, como para familiares y otros actores y acompañantes. Con el objetivo de socializar sus aprendizajes han contribuido a la elaboración de materiales bibliográficos (guías, manuales, protocolos, reportes) e inciden en la creación de política pública que recuperan los conocimientos de los colectivos de familiares (como la creación de la Ley General y sus derivados). 

La correcta intervención del escenario forense, desde ambas ópticas (la de las familias y la de los científicos forenses) permite fortalecer los procesos de identificación de las miles de personas desaparecidas que han sido inhumadas en fosas clandestinas y cementerios municipales de todo el país. Es por ello que resulta de gran importancia la participación activa de las familias en la toma de decisiones relacionadas con políticas públicas que contribuyan a disminuir el dolor e incertidumbre que ha provocado la pérdida de un ser querido. 

Finalmente, consideramos que reconocer otras epistemologías y ontologías en las ciencias forenses, sea en arqueología, antropología física, genética o antropología social, contribuye a construir una visión crítica sobre nuestras propias herramientas metodológicas y construir conocimiento que dé certidumbre y confianza a las familias tanto en la búsqueda como en los procesos de identificación. 

Referencias 

  1. Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) [en línea]. 2021 [citada: 2021 septiembre 8]. Consultad en:https://versionpublicarnpdno.segob.gob.mx/Dashboard/Index 
  2. Rodríguez J. V. La antropología forense en la identificación humana. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia; 2004.
  3. Pérez-Sales P. y Navarro S. Resistencias Barcelona: Gedisa; 2007.
  4. Freire P. Pedagogía del oprimido. Ciudad de México: Siglo XXI editores; 2005.
  5. Latour B. Nunca fuimos modernos. Ensayo de antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo XXI Editores; 2007.
  6. Foucault M. La arqueología del saber. Buenos Aires: Siglo XXI Editores; 2010.
  7. De Sousa Santos B. Descolonizar el saber, reinventar el poder.Montevideo:Ediciones Trilce; 2010. 
  8. Alberti B.  Archaeologies of ontology. Annual Review of Anthropology, 2016; (45):163-179.https://doi.org/10.1146/annurev-anthro-102215-095858.
  9. Descola P. Construyendo Naturalezas. Ecología simbólica y práctica social. En: Descola P. yPáissonG. (coord.) Naturaleza y sociedad. Perspectivas antropológicas. Ciudad de México: Siglo XXI Editores; 2001. pp. 101-123. 
  10. Descola P. Más allá de naturaleza y cultura.Buenos Aires:Amorrortu Editores; 2012. 
  11. Kohn E. How forests think: toward an anthropology beyond the human.Oakland:University of California Press; 2013. 
  12. Olsen B., Shanks M.,WebmoorT. y  Witmore C. Archaeology. The discipline of things. Oakland: University of California Press; 2012. 
  13. Thomas J. The future of archaeological theory.Antiquity, 2015; 89 (348): 1287-1296.  doi:10.15184/aqy.2015.183.
  14. Viveiros de Castro E. Metafísicas caníbales. Líneas de antropologíapostestructural. Buenos Aires: Katz Editores; 2009.
  15. Viveros de Castro E. La mirada del jaguar. Introducción al perspectivismo amerindio. Morón: Tinta Limón; 2013.
  16. HamilakisY. Archaeology and the Senses: Human Experience, Memory, and Affect. Cambridge: Cambridge University Press; 2013. 
  17. Monsalve T.  y IsazaPelàezJ. La antropología en la construcción de verdad, memoria e historia en el marco de la Ley 975 de Justicia y Paz en Colombia. Bogotá: Sociedad Alemana de Cooperación Internacional GIZ; 2011. 
  18. RosagelS.  Echeverría M., Vázquez T., Ojeda Y., Arochi D. y González G. Limpiar cada hueso de una hija desaparecida. El imparcial [publicación periódica en línea] 2021. Diciembre 29. [Citado: 2021 agosto 26]. Disponible en: https://www.elimparcial.com/sonora/sonora/Limpiar-cada-huesode-una-hija-desaparecida-20201229-0003.html  
  19. KrenzerU. (2006). Compendio de métodos antropológicos forenses para la reconstrucción del perfil osteo-biológico. Ciudad de Guatemala. Centro de Análisis Forenses y Ciencias Aplicadas (CAFCA); 2006. 
  20. Villalobos H. Lo que se debe saber acerca de las pruebas de ADN en contexto forense. Revista de Ciencias Forenses de Honduras [publicación periódica en línea],  2018. [Citado: 2021 agosto 26], 3(2), 28-38.  Disponible en: http://www.bvs.hn/RCFH/pdf/2017/pdf/RCFH3-2-2017-8.pdf 
  21. García-DeisterV. y López-Beltrán C. ADN en un país de muertos. La genética forense como medio y remedio. En:  Palacios M. (coord.) Violencia y discurso. Ciudad de México: UNAM; 2017. pp. 157-177.
  22. Comité Internacional Cruz Roja. Vital Homologar práctica forense para una mayor eficacia en la búsqueda e identificación de personas. [En línea] 2021. julio 7. [Citado: 2021 julio 7]; Comunicado de Prensa. Disponibleen :https://www.icrc.org/es/document/mexico-vital-homologar-practica-forense-para-una-mayor-eficacia-en-la-busqueda-e?utm_source=facebook
  23. Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México.  La crisis forense en México: más de 52,000 personas fallecidas sin identificar [en línea]. Ciudad de México: 2021. [Citado: 2021 agosto 26]. Disponible en:https://movndmx.org/wp-content/uploads/2021/08/Informe-La-Crisis-Forense-en-Me%CC%81xico.pdf 

Alejandro Arteaga Saucedo 

Licenciado en Arqueología por la Universidad Autónoma de Zacatecas, Maestro en Estudios Mesoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente es alumno del Doctorado en Antropología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es miembro de la Asamblea de Coordinación del Grupo de Investigaciones en Antropología Social y Forense, en donde desde el 2016 ha colaborado en la impartición de talleres sobre arqueología forense con colectivos de familiares de personas desaparecidas en Coahuila, Guanajuato, Michoacán, Morelos, Nuevo León y Sonora. Cuenta con diversas publicaciones y ponencias impartidas en espacios académicos y de divulgación nacionales e internacionales. Correo electrónico: errantearteaga@gmail.com 

Isabel Beltrán Gil 

Licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad Católica de Valencia (UCV). Orientó su perfil académico y profesional hacia la antropología forense al realizar el Máster de Antropología y Genética Forense impartido por la Universidad de Granada (España) y la especialidad en Antropología Forense en la Universidad Complutense de Madrid (España). Completó sus estudios con un doctorado en Antropología Cultural y una estancia posdoctoral en la Facultad de Ciencias Forenses de la UNAM (México). Es autora de investigaciones publicadas en revistas internacionales como International Journal of Legal Medicine, entre otras. Sus campos de interés actual son la recuperación e identificación de restos humanos en casos de desaparición forzada, el análisis crítico de la muerte violenta en contexto de Derechos Humanos y la dimensión epistemológica de la antropología forense.  Correo electrónico: isanthropology@gmail.com 

May-ek Querales Mendoza

Candidata al Sistema Nacional de Investigadores. Doctora en Antropología y Maestra en Antropología Social por el CIESAS-CDMX. Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Sus líneas de investigación son subjetividad; y migración y violencia desde el enfoque de la Antropología del Derecho. Desarrolla sus trabajos de investigación bajo la metodología colaborativa, desde 2012 realiza investigación sobre migración forzada y a partir de 2014 analiza la interacción de dicho fenómeno con la desaparición de personas en México. Tiene experiencia docente a nivel licenciatura en la UNAM desde 2007, ha impartido seminarios de metodología en la maestría de Antropología Social del CIESAS, de teoría y metodología en maestría y doctorado de la UAEM y en la ENAH. Cuenta con varias publicaciones científicas y de divulgación sobre desaparición de personas y migración forzada.