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“Everybody counts or nobody counts”

– Detective Harry Bosch

Personaje de ficción de las novelas de Michael Connely

Resumen

En este artículo se exploran los problemas estructurales de la investigación criminal y forense en México, en particular los relacionados con la formación de quienes investigan y las consecuencias para la resolución de la crisis forense. A partir de esto, se presentan las características de la metodología del análisis de la evidencia conductual y la victimología forense con perspectiva de derechos humanos, para mostrar la necesidad de su adopción en la formación y diseño de protocolos para la investigación de casos de personas desaparecidas y de cuerpos sin identificar en México.

Palabras clave: victimología, investigación criminal, forense.

Abstract

This article explores the structural problems of criminal and forensic investigation in Mexico, particularly those related to the training of those who investigate and the consequences for the resolution of the forensic crisis. Based on this, the characteristics of the methodology for the analysis of behavioral evidence and forensic victimology from a human rights perspective are presented to show the need for its adoption in the formation and design of protocols for the investigation of cases of disappeared and unidentified persons in Mexico.

Keywords: victimology, criminal investigation, forensic.

Algunas deficiencias de la investigación criminal y forense

Estamos ante una crisis forense en México de acuerdo con diversas organizaciones de derechos humanos, entre estas voces se encuentra la de Jar Jarab exrepresentante en México de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que habla de una “emergencia forense”, la cual resulta especialmente grave para la identificación de cuerpos y la búsqueda de personas desaparecidas. Dicha crisis es el resultado de tres grandes problemas: falta de insumos e infraestructura; falta de personal; y falta de capacidad técnica de las y los investigadores.

Los dos primeros se pueden atender con la asignación de mayores recursos y tomas de decisiones, con presupuestos participativos que incluyan las voces y votos de la comunidad científica independiente y colectivos de familiares de personas desaparecidas. Pero en esta ocasión, se busca abordar el aspecto de la formación de científicos forenses, ya que resulta clave para combatir este problema estructural.

La formación de profesionales en investigación criminal y forense suele ser técnica y burocrática. Se les enseña a cumplir con un rol específico que no atiende criterios científicos sino logísticos bajo una práctica institucional, a este rol comúnmente se le llama “el trabajo de perito” y consiste en realizar tareas rutinarias con formatos prediseñados en una lógica de “cumplir con lo que nos toca”, lo cual lamentablemente suele traer implícita la emisión de resultados sin conocer el resto de la información del caso que se investiga, y sobre todo, muy poco conocimiento del contexto de las personas y los hechos.

Es como si cada persona involucrada tuviera una parte de un rompecabezas, de la cual desconocen las orillas y la imagen a formar. Cada actividad de investigación está en su propia burbuja y al final las pericias están departamentalizadas. No comprenden. No explican y no se conectan con un todo. Hacerlo de esta forma es pseudo-investigar y sirve, entonces, como una simulación de investigación: se juntan distintos reportes encargados desde objetivos emanados de un “machote” u objetivos genéricos.

En nuestro trabajo con familiares de personas desaparecidas, hemos escuchado que, paulatinamente, van cayendo en cuenta que ese expediente -esa carpeta que al principio parecía muy técnica y llena de actividades reportadas- finalmente está llena de simulación: es un teatro de investigación forense, se actúa como si se estuviera haciendo una investigación, pero solo en apariencia.

Esto no necesariamente es producto de la falta de voluntad de los y las forenses, sino en gran parte de una capacitación deficiente que falla en usar protocolos internacionales y en reflexionar los problemas con metodologías que tengan una visión integradora y sistémica. En concreto, falta pasar de las técnicas a las comprensiones; del uso de pruebas de identificación a la aplicación en un marco general de investigación. Falta saber qué pasó usando evidencia y quién es la víctima. Para comprender qué fue lo que pasó, hace falta análisis de la evidencia conductual; y para saber quién es la víctima, victimología forense.

Análisis de la evidencia conductual

Por sus siglas en inglés, el método BEA (Behavioral Evidence Analysis) es un marco lógico de procedimientos para valorar la calidad de la investigación de un crimen y herramientas científicas para interpretar los hallazgos para inferir conductas. Desarrollado por el Dr. Brent Turvey  a finales de los años noventa como una propuesta para realizar perfilación criminal (Turvey, 2011), el BEA establece criterios logísticos (qué buscar, cómo buscar, qué información se debe tener al final) y criterios de interpretación de la evidencia (qué es posible inferir sobre comportamientos de la víctima y agresor desde el análisis de indicadores y su contexto), para finalmente poder reconstruir el crimen, determinar posibles motivaciones y modus operandi, todo esto usando ejercicios lógicos y ensayando hipótesis con el método científico.

El BEA se inscribe como disciplina científica en la criminología forense, es útil para investigar cualquier tipo de crimen y tiene aplicaciones en distintos contextos judiciales en Estados Unidos, Latinoamérica, Europa y China. A pesar de ello, en México apenas ha comenzado su adopción debido a lo reciente de la instauración de un sistema penal acusatorio. De esta metodología se desprende la victimología forense.

Antecedentes y victimología forense

Así como un médico no puede prescribir o incluso revisar a un paciente sin antes tener el historial clínico y los antecedentes de la queja, tampoco las y los forenses pueden llegar a conclusiones válidas, si no conocen los antecedentes de la víctima y el contexto donde ocurrió el crimen (Turvey & Crowder 2017). Por ello la información de la víctima es indispensable y obligatoria para cualquier tipo de evaluación forense. Si sólo tenemos huellas, fotos, descripciones de lesiones y/o entrevistas de las personas y los temas que los investigadores consideran pertinentes en un primer momento, las interpretaciones forenses y la comprensión general del caso será pobre y sin utilidad científica.

En resumen, la información que se recolecta debe ser contrastada con un conocimiento completo de la víctima y su contexto, es decir, si no tenemos el cuadro completo con el cuál comparar, cuando encontremos una nueva pieza, no sabremos dónde colocarla, ni para qué sirve.

Aquí es donde resulta indispensable la aplicación de la Victimología Forense, la cual es una subdisciplina de la criminología forense. El libro Forensic Victimology (2013) traza los objetivos, procedimientos y las referencias encontradas en la literatura y protocolos sobre cómo distintas prácticas científicas demandan de datos esenciales de la víctima.  La victimología forense implica la recolección sistematizada de información sobre la víctima, el uso correcto de esta para generar inferencias y toma de decisiones forenses e investigación criminal. Además, esta disciplina intenta estudiar el fenómeno de la comprensión de la victimización para amortiguar los sesgos ideológicos y cognitivos que llevan a procedimientos incompletos y análisis con prejuicios.

Uno de los aportes de esta disciplina es que ofrece una guía sobre qué datos se deben de buscar, utilizando el concepto de “paquetes victimológicos” como son el paquete financiero (historial de información de movimientos bancarios, gastos, propiedades, etc.), paquete laboral (antecedentes de empleo o actividad laboral, así como rol e información de su última ocupación), paquete de salud (sobre historial clínico, enfermedades presentes, accidentes, limitaciones físicas, etcétera) entre otros. Con esta información se puede construir una caracterización de la víctima y un mapa para comenzar a ensayar inferencias sobre los riesgos a los que se encontraba expuesta; posibles conexiones y situaciones que no se consideraron; mejorar la lista de testigos y sospechosos; tener información que podría darle sentido a elementos para una interpretación forense; y la realización de una línea del tiempo de las últimas 24 horas.

El contexto, la situación y una comprensión integral

He trabajado con el Dr Turvey en los últimos cinco años en la asesoría e investigación forense de casos de feminicidio, violencia sexual, tortura y crímenes contra defensores de derechos humanos, además de capacitar en estas áreas a distintos operadores del sistema y hemos escrito al respecto en protocolos de actuación para fiscalías y libros de texto. La experiencia nos ha hecho reflexionar con una mirada crítica sobre el sistema de justicia, la práctica forense y nuestras concepciones disciplinares de cómo se obtiene e interpreta la información de la víctima en esta variedad de contextos y violencias.

De esta experiencia, hemos trabajado en añadir elementos que armonicen el BEA y la victimología forense con protocolos internacionales, y con las experiencias en casos paradigmáticos en Latinoamérica. Esto se ha puesto en práctica en la elaboración de reportes forenses con perspectiva de derechos humanos. Una investigación que incorpora una perspectiva interseccional y una mirada psicosocial a la investigación de crímenes, además de integrar conceptos como la vulnerabilidad, el modelo ecológico de la violencia y las dimensiones de análisis de la psicología forense con perspectiva de derechos humanos.

Investigación victimológica – forense con perspectiva de derechos humanos

Para comprender el caso que tenemos enfrente, además de los elementos técnicos es relevante articular la información desde una mirada sistémica, para ello utilizamos el modelo ecológico de la violencia incluido en el Modelo de Protocolo Latinoamericano de Investigación de Feminicidio (2014), el cual plantea que debemos de pensar el lugar de la víctima, no sólo desde sus condiciones individuales, sino desde sus relaciones interpersonales, las características de la comunidad a la que pertenece y los elementos culturales e históricos en la que se encuentra inserta. Tener presente ello ayuda a dar lecturas a las evidencias de forma más abierta, flexible y permite hacer conexiones con otros casos, dinámicas criminales y nuevas áreas por indagar.

Otro aspecto importante de esta perspectiva emana del concepto de vulnerabilidad, que busca hacer visible los elementos estructurales que exponen a las personas a distintas violencias por condiciones asociadas a la racialización, género, edad, identidad étnica, discapacidad, vulnerabilidad económica, entre otras. El mundo social donde habitamos es profundamente injusto y esta injusticia está determinada por prejuicios y prácticas que ponen en situación de desventaja a poblaciones por tener estas características. Las y los investigadores deben de estar formados en ello y tener mapas para hacer análisis de contextos para comprender mejor el caso específico que se está abordando.

Personas desaparecidas y sin identificar

Las personas desaparecidas, o las que no cuentan con identificación, se encuentran en un contexto y hay lugares y comunidades a las que se encuentran relacionadas. El lugar donde se encuentra un cuerpo es una escena del crimen y la región donde se encuentra es parte del contexto que se debe analizar. El método BEA es útil para realizar una reconstrucción criminal alrededor del hallazgo de un cuerpo sin identificar, y la victimología forense con perspectiva de derechos humanos, permite tener mejores y más completas categorías de análisis de personas desaparecidas.

Tanto para la búsqueda, como para la identificación, el análisis de la evidencia conductual dota a las y los investigadores de herramientas analíticas para dirigir sus esfuerzos y la habilidad de formular preguntas que rompan las barreras burocráticas en las que se encuentran actuando. Sirve como un elemento articulador de las actividades de investigación disgregadas, además de usarlas para realizar inferencias sobre la naturaleza del crimen mediante el análisis de una autopsia y la relación con la escena, como puede ser la motivación y encontrar nuevos testigos o sospechosos mediante la determinación de las posibilidades en el análisis de la escena del crimen.

Finalmente, podemos decir que la incorporación del análisis de la evidencia conductual en la forma de abordar el hallazgo de un cuerpo sin identificar, en conjunto con análisis victimológicos desde una perspectiva de derechos humanos de personas desaparecidas, puede no solo mejorar significativamente las habilidades de quienes investigan, sino establecer parámetros para las bases de datos que puedan vincular ambos fenómenos, y atender una de las dimensiones de la crisis forense al hacer más eficientes los recursos con los que contamos, en este caso el más valioso, los profesionales forenses, policías y tomadores de decisiones.

Referencias

HUMANOS, A. C. P. L. D. 2014. Modelo de protocolo latinoamericano de investigación de las muertes violentas de mujeres por razones de género (femicidio/feminicidio). Panamá: ONU Mujeres/ONU Derechos Humanos.

Turvey, B. E. (Ed.). 2011. Criminal profiling: An introduction to behavioral evidence analysis. Estados Unidos de América. Academic press.

Turvey, B. E., & Crowder, S. 2017. Forensic investigations: An introduction. Estados Unidos de América. Academic Press.

Turvey, B. E. 2013. Forensic victimology: Examining violent crime victims in investigative and legal contexts. Estados Unidos de América. Academic Press.

Crédito de imagen: Adobe Stock por Couperfield