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Resumen

El desarrollo de una disciplina obedece al contexto político y social, local y global; busca comprender los fenómenos que se presentan y aportar conocimiento científico para su entendimiento, así como aportar respuestas a las problemáticas que se presentan.

La Antropología forense en México es un ejemplo del papel que desempeña el curso social de la historia en el impulso de las disciplinas, su reconocimiento institucional y la profesionalización. La crisis de violencia y la crisis forense han sido componentes clave en su impulso profesional, científico e institucional, un desarrollo que contrasta con el conocido en otras latitudes.

Palabras clave: antropología, arqueología, forense, profesionalización, retos.

Abstract

The discipline development obeys the political and social context, local and global. They seek to understand the phenomena and provide scientific knowledge for their understanding, as well as provide answers to the problems that arise. Forensic Anthropology in Mexico is an example of the role of the social course of history in promoting this discipline, their institutional recognition, and professionalization. The crisis of violence and the forensic crisis have been key components in his professional, scientific, and institutional impulse, a development that contrasts with that known in other latitudes.

Keywords: anthropology, archaeology, forensic, Pprofessionalization, challenges.

Hasta hace no mucho tiempo en México, fuera del ámbito científico y académico, se conocía poco acerca del quehacer de los antropólogos forenses, de la aplicación, utilidad y desarrollo de esta disciplina; de sus avances sólo se hablaba entre el gremio antropológico, incluso pocas dependencias gubernamentales conocían el alcance de esta disciplina y la importancia de su participación en la investigación forense. Han sido las transformaciones sociales en el país, las que recientemente han dado el reconocimiento al quehacer de esta disciplina y en su momento fueron un detonador para su desarrollo.

A partir del año 2006 se presentó en México un exponencial incremento de muertes violentas, desaparición de personas y otros crímenes como consecuencia de la política de combate frontal al narcotráfico dictada por el entonces Presidente, Felipe Calderón Hinojosa (1,2), situación que desencadenó una serie de adversidades para las instituciones de procuración de justicia, desastrosas consecuencias para las víctimas directas e indirectas de estos crímenes y la sociedad entera, así como un reto imperioso para las ciencias forenses.

A 14 años de iniciada esta política, nos encontramos ante cuantiosas víctimas de muertes violentas que no pudieron ser identificadas en el momento de su deceso y que fueron inhumadas en las nombradas “fosas comunes” [i], otras decenas de miles fueron desaparecidas (más de 60 mil) y, desde hace poco más de 6 años los familiares de ellas han dado cuenta de los numerosos sitios de inhumación clandestina (más de 3mil) y abandono de cuerpos que se encuentran a lo largo de todo el territorio mexicano (3).

Este escenario, sumado a la falta de personal especializado para la investigación forense, la carente infraestructura y los inadecuados protocolos para la intervención e investigación, colocaron a México en lo que hoy se ha llamado una crisis forense (4,5), que deja entre ver muchas necesidades y carencias, entre ellas, la participación de los antropólogos forenses como uno de los pilares esenciales para la búsqueda e identificación de personas. El llamado a los antropólogos físicos y arqueólogos para incorporarse en esta tarea ha tenido eco y apenas, recientemente, comienza el reconocimiento a su labor, aun cuando la antropología mexicana representa una amplia tradición científica con un importante reconocimiento internacional.

Un mismo país, ritmos distintos

La desaparición forzada y la falta de identificaciones en México tienen ya más de 50 años, en tanto, la antropología forense se involucró en los procesos de búsqueda y recuperación hasta hace poco menos de dos décadas. En este sentido, existen dos factores determinantes para comprender mejor cómo el desarrollo de la antropología forense mexicana contrasta con la evolución de la problemática social apremiante en el país.

En primer lugar, las circunstancias políticas vinculadas al fenómeno de la desaparición forzada impidieron que ésta fuera reconocida y evidenciada. Hacer visible esta problemática fue un logro de los familiares de las personas desaparecidas hasta la década de 1990 (2,6), por lo tanto, el Estado no puso el empeño suficiente en los esfuerzos de investigación, mucho menos en la incorporación de disciplinas científicas para su esclarecimiento. En segundo lugar, la génesis de la antropología mexicana está directamente vinculada con la consolidación de un Estado-Nación a través de la creación de sus instituciones, como fue el caso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) encargado de la preservación e investigación del patrimonio cultural, así como de la recuperación de las tradiciones y grupos culturales que conforman la identidad nacional; para ello, el INAH tuvo la encomienda de crear una escuela que formara a los profesionales que desempeñarían dicha tarea, así fue como nació en 1938 la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) (7).

En sus inicios la formación en la ENAH consistía en un tronco común de antropología y una posterior especialidad en las diversas disciplinas antropológicas (antropología social, antropología física, arqueología, etnología, etnohistoria, lingüística e historia). Para los años 70´s dichas especialidades se transformaron en la formación básica, haciendo de la ENAH la única escuela en su tipo cuyas disciplinas antropológicas se desarrollan en el mismo espacio, lo que permite a sus estudiantes mantener un constante diálogo entre disciplinas, adquiriendo una visión amplia de las problemáticas sociales desde diferentes perspectivas (7).

El principal cometido de la ENAH fue el estudio e investigación del patrimonio cultural. En ese entonces, el país se encontraba en un periodo de construcción de la soberanía y la conformación de su historia y legado era prioridad. Sin embargo, la década de los 70´s fue importante en el viraje epistemológico de la ciencia y la ENAH no fue ajena a ello. Las discusiones teóricas y el enfoque en las problemáticas tuvieron una visión más crítica, lo que marcó a la Escuela como una institución preocupada por el quehacer y el hacer antropológico, así como por la acción sobre las problemáticas sociales.

La antropología física fue parte de este cambio al mismo tiempo que su desarrollo era paralelo al de otras latitudes. Las primeras incursiones en el campo de la antropología forense en México podemos ubicarlo hacia finales del siglo XIX y principios del XX en la penitenciaría de la ciudad de Puebla, donde los médicos Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara comenzaron trabajos científicos cuyo propósito era identificar las particularidades de los sujetos criminales asociados a su biología (tal como la afinidad biológica, antes llamada raza, sexo y procedencia geográfica) en una lógica de lograr la caracterización para establecer lineamientos de registro e identificación, lo que se llamó antropología criminal, sin duda un trabajo fuertemente influenciado por las tendencias positivistas de la época y los trabajos desarrollados en Europa (8).

Este campo de aplicación no tuvo importantes saltos, sino hasta mediados de la década de 1970 cuando la experiencia en estudios craneométricos, reconstrucción facial y superposición fotográfica le permitieron al antropólogo físico Arturo Romano Pacheco incorporarse a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) (9), apuntando estos conocimientos hacia la identificación humana en contexto criminales[ii].

La emergencia de una disciplina forense

La antropología forense como se conoce actualmente, tuvo un desarrollo diferente al del resto de los países latinoamericanos (Argentina, Uruguay, Perú, Guatemala, Chile, Colombia) en donde los procesos políticos jugaron un papel determinante, la caída de las diferentes dictaduras dibujaron un contexto social en el que la identificación humana fue preponderante, la búsqueda de las personas desaparecidas por motivos políticos le proporcionó a la disciplina un campo de acción mediante la aplicación de metodologías de la arqueología y la antropología física para la búsqueda de la verdad, es decir, una participación clara en los procesos de justicia (10).

Esta diferencia en el contexto social marcó sustancialmente el objeto de estudio de la disciplina; mientras que en el resto de Latinoamérica estuvo marcada por antropólogos y arqueólogos aplicando métodos y técnicas arqueológicas y de análisis osteológicos para la identificación humana. En México la aplicación forense comenzó como una especialidad de la antropología física con un bagaje más amplio, pues no sólo se concentró en la identificación humana a partir de los restos óseos recuperados en contextos criminales (forenses) sino en la aplicación de métodos y técnicas somatológicas para la identificación en individuos vivos (determinación de edad biológica para menores infractores, comparación de rasgos faciales con imágenes de cámaras de seguridad, el proyecto CARAMEX: La cara del mexicano) (11).

En contraste, la participación de la arqueología en este campo fue mucho más paulatina. Si bien es considerada como una disciplina nodal para la antropología forense (12,13) su incorporación suele atribuirse a la sola aplicación de métodos y técnicas de recuperación de restos humanos, olvidando lo transcendental de su aporte teórico en la interpretación y análisis de los fenómenos sociales representados en los contextos.

En México, los arqueólogos comenzaron a participar hacia el año 2001 con la conformación de equipos multidisciplinarios de carácter independiente (el Bufete de Arqueología y Antropología Forense – BIAAF-, el Equipo Mexicano de Antropología y Arqueología Forense – EMAAF-,y el Equipo Mexicano de Identificación Humana –EMIH-), grupos de profesionales que se sumaron a las incipientes investigaciones desarrolladas por las autoridades mexicanas en los casos de desaparición forzada en Atoyac, Guerrero, durante el periodo conocido como Guerra Sucia (2), sentando así, un precedente en las intervenciones de carácter científico y técnico para la búsqueda de personas desaparecidas, pues por primera vez en el país se tuvo la participación activa de los familiares en el marco de una investigación por violación a los derechos humanos.

Otro escenario importante para la incorporación de la arqueología fue el estado de Chihuahua, con la instalación del departamento de antropología forense desde el año 2005 como parte de la Dirección de Servicios Periciales, donde la complejidad y magnitud de la problemática hizo latente la necesidad de la arqueología en el quehacer e investigación forense. De ahí se desprendieron importantes proyectos institucionales de identificación humana que involucraron la intervención en fosas comunes para la recuperación de restos y reordenamiento de los espacios. Asimismo, la conformación de un área de antropología forense permitió consolidar el quehacer de ambas disciplinas (arqueología y antropología física) de cara a la introducción de nuevo sistema de justicia que demandaba la participación de profesionales expertos para la recuperación y análisis de evidencias sustentadas científicamente (14).

Los nuevos retos de la antropología forense mexicana

Los cambios en el contexto político y social han obligado a repensar el objeto de estudio de la antropología forense y plantearse una revisión epistemológica (15), pues para que ésta contribuya en las investigaciones judiciales y de violaciones graves a los derechos humanos es necesario que incorpore más allá de técnicas y métodos de disciplinas como la arqueología, dejando atrás la tendencia de pensarla como un agregado de la antropología física y pensar más allá de un acervo de técnicas osteológicas. Asimismo, se requiere hacer partícipe al resto de las disciplinas antropológicas para ampliar la perspectiva con la que se abordan las problemáticas actuales, de manera que seamos capaces de proponer soluciones integrales.

La problemática de violencia y el reclamo social han contribuido a la reconfiguración de una disciplina que, en México, cobró impulso tardíamente. En los últimos años, la formación profesional se transformó en respuesta a las apremiantes necesidades sociales, por ejemplo, actualmente la ENAH ofrece la Especialidad en Antropología Forense (que dio inicio en 2014), el Proyecto de Investigación Formativa en Antropología Forense y la Línea de especialización de bioarqueología y antropología forense del Posgrado en Antropología física, además ha sido sede de numerosos programas de capacitación y especialización en la materia (16,17), convirtiéndose en el semillero de los profesionales que hoy se desempeñan en la ardua labor de buscar e identificar a las personas desaparecidas, ya sea desde las instituciones, las organizaciones civiles, la formación de otros profesionales o la investigación de nuevas metodologías.

Actualmente, existen muchas otras instituciones que ofrecen capacitaciones en temas específicos y de actualización en materia de antropología forense (INACIPE, Licenciatura en Ciencia Forense de la UNAM, el Instituto de Ciencias Penales del Estado de Puebla) (17), existen profesionales en antropología forense en diferentes estados del país, presentes en las áreas especializadas de las fiscalías o los servicios periciales, en las comisiones estatales y nacional de búsqueda, incorporados en organizaciones civiles de acompañamiento a familiares de personas desaparecidas (Grupo de Investigación en Antropología Social y Forense), formando equipos independientes (Equipo Mexicano de Antropología Forense) o como asesores en instancias de cooperación internacional y otras organizaciones.

La actualidad en el país nos coloca en un complejo escenario de violencia en donde claramente es necesaria la participación de una antropología forense capaz de identificar las problemáticas que de ello se desprenden, comprender los fenómenos culturales representados y proponer soluciones integrales acorde a nuestra realidad. Es así, que entre los retos actuales de la disciplina están la discusión epistemológica que fundamente y consolide su participación en el ámbito legal, científico y de defensa de los derechos humanos; la investigación y desarrollo de nuevas metodologías y técnicas para la búsqueda, recuperación e identificación de personas desaparecidas; la formación profesional e impulso de la vocación forense en las nuevas generaciones, con una plataforma académica de calidad, con sentido ético, de responsabilidad y de servicio. De esta manera podremos apuntar a la consolidación de una disciplina preocupada y ocupada por resolver los problemas reales de una sociedad que espera respuestas.

Referencias

  1. Mastrogiovanni F. Introducción. Casualidad de una desaparición. En: Ni vivos ni muertos La desaparición forzada en México como estrategia de terror. México: Grijalbo; 2014. p. 27–42.
  2. Sánchez Serrano E, Rangel Lozano CEG. Desaparición forzada y antropología forense en México: una asignatura pendiente. En: Dutrénit Bielous S, editor. Perforando la impunidad Historia reciente de los equipos de antropología forense de América Latina. Instituto de Investigaciones Dr.José María Luis Mora. Contemporánea Internacional; 2017. p. 288–363.
  3. CNB. Informe sobre fosas clandestinas y registro nacional de personas desaparecidas o no localizadas [Internet]. México; 2020. Disponible en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/535387/CNB_6_enero_2020_conferencia_prensa.pdf.pdf
  4. Navarro MF. 8 mil cuerpos sin identificar: la crisis forense que sufre México. Forbes México [Internet]. el 25 de junio de 2019; Disponible en: https://www.forbes.com.mx/8-mil-cuerpos-sin-identificar-la-crisis-forense-que-sufre-mexico/
  5. Karen. En México se entregan cuerpos equivocados ¿hay una crisis forense? Plumas Atómicas [Internet]. el 11 de febrero de 2020; Disponible en: https://plumasatomicas.com/noticias/mexico/mexico-cuerpos-crisis-forense-desaparecidos/
  6. Radilla Martínez A, Rangel Lozano CEG. Desaparición forzada y terrorismo de Estado en México. Memorias de la represión de Atoyac, Guerrero durante la década de los setenta. Primera. Chilpancingo, Guerrero: Universidad Autónoma de Guerrero; 2012.
  7. López y Rivas G. ¿Antropología para el poder o antropología para el pueblo? El volcán Insur Corriente Crítica Trab la Cult en el Estado Morelos [Internet]. 2015;Número 35:23–40. Disponible en: http://www.enelvolcan.com/edicionvirtual/enelvolcan0350115/HTML/files/assets/common/downloads/publication.pdf
  8. Lagunas Rodríguez Z, Reyes Vázquez AMI. Apuntes para la historia de la antropología física forense en México. Revista Criminalidad. diciembre de 2009;61–79.
  9. Lara Barajas I. Fundamentos de Antropología forense. Técnicas de prospección, exhumación y análisis de restos óseos en casos forenses. México: Colección científica. INAH; 2009.
  10. Fondebrider L. Notas para una historia de la Antropología Forense en Latinoamérica. Eres Arqueol [Internet]. 2005;(13):127–36. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=1373145&info=resumen&idioma=SPA
  11. Villanueva Sagrado M, Escorcia Hernández L. Antropología Forense. Humanidades y Ciencias sociales. junio de 2008;32(4):4–7.
  12. Hunter J, Cox M. Forensic Archaeology: Advances in the Theory and Practice. 2005. 233 p.
  13. Dupras T, Schultz J, Wheeler S, Williams L. Forensic Recovery of Human Remains. 2006. 242 p.
  14. Enríquez Farias R, Macías Madero A, Peña Rodríguez A. La incorporación de la arqueología a la antropología forense: un breve recuento histórico. Revista Chicomoztoc [Internet]. enero de 2019;1:1–36. Disponible en: http://revistas.uaz.edu.mx/index.php/chicomoztoc/article/view/517
  15. Ortega Palma A. La antropología forense en los albores del siglo XXI. En: González Quintero L, Anabella BS, editores. Antropología física: disciplina bio-psico-social. Primera. Ciudad de México: INAH. ENAH; 2017. p. 61–84.
  16. Márquez L. La formación de antropólogos forenses en México: un camino en construcción. Rev Antropol Biológica. 2013;XVI:317–37.
  17. Márquez Morfín M de L. Forensic Antrhopology in Mexico. En: Ubelaker DH, Colantonio SE, editores. Biological anthropology of Latin America Historical Development and Recent Advances. Washington, D.C.: Smithsonian Scholary Press; 2019. p. 79–88.

Notas

[i] Nos referimos a los espacios de inhumación que se localizan en los panteones municipales que son destinados a las personas que no han sido identificadas y que, por las circunstancias violentas de su muerte, llegaron hasta el Servicio Médico Forense, por lo que se encuentran bajo custodia ministerial hasta que se esclarezca su identidad.

[ii] L. Márquez (2019) desarrolla un importante recuento acerca del desarrollo de la antropología física en el ámbito criminal en México, cuyos representantes tuvieron una importante influencia en la formación de muchos de los profesionales que actualmente se desempeñan en este campo.

Crédito de imagen: archivo EMAF