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Resumen

La antropología forense es una subdisciplina de la antropología física que tiene como objetivo la identificación de las personas, vivas o muertas (Malgosa, A., et al. 2010) y cuenta con un gran potencial dentro de sus limitaciones en el contexto nacional. México tiene un doble problema que enfrentar: por una parte, su situación geográfica lo hace estadísticamente vulnerable a muchos factores de riesgo; y, por otro lado, su complejidad sociopolítica ha causado una crisis humanitaria y forense en las últimas décadas, lo cual complica y lo expone a sufrir un desastre masivo con una alta tasa de personas fallecidas.

Palabras clave: Desastre masivo, ayuda humanitaria, identificación humana, prevención.

Abstract

Forensic anthropology is a sub-discipline of physical anthropology that aims to identify people, living or dead (Malgosa, A., et al. 2010) and has great potential within its limitations in the national context. Mexico has a double problem to face: on the one hand, its geographical situation makes it statistically vulnerable to many risk factors; and, on the other hand, its socio-political complexity has caused a humanitarian and forensic crisis in recent decades, which complicates and exposes it to suffer a massive disaster with a high death rate.

Keyword:   Mass disaster, humanitarian aid, human identification, prevention.

Panorama general

De acuerdo con The International Disaster Database, entre 1900 y 2017, México ocupó el segundo lugar en el continente con mayor ocurrencia de desastres, solo por debajo de EUA. Por ejemplificar, solamente los sismos han causado en dicho periodo más de 11 mil muertes (Xantomila, G 2018); una investigación nacional en 2015 revela que la ubicación geográfica de nuestro país, así como la diversidad climatológica del suelo, del relieve y la hidrológica, nos expone a una serie de riesgos naturales que han derivado en cuantiosos daños humanos y materiales.

Después del continente asiático, América es la segunda región más afectada por desastres naturales; entre el año 2000 y 2015, 1 de cada 4 mexicanos ha resultado afectado por desastres naturales, antrópicos o epidémicos (Ángel, A. 2017), según el Centro Nacional de Prevención de Desastres se emitieron 7,367 declaratorias de desastre (CENAPRED, 2015), entendiéndose esto como “el resultado de la ocurrencia de uno o más agentes perturbadores severos y/o extremos, concatenados o no, de origen natural, de la actividad humana o de aquellos provenientes del espacio exterior, que cuando acontecen en un tiempo y en una zona determinada, causan daños y que por su magnitud exceden su capacidad de respuesta de la comunidad afectada, autoridades locales, estatales e incluso federales”(CENAPRED, 2014); por lo que en dicho periodo, 74 fueron por algún fenómeno químico, 500 por fenómeno geológico y 2,395 por algún agente hidrometeorológico. El saldo total de víctimas mortales por estos desastres, de acuerdo con el organismo, es de 7 mil 742 personas y 27 millones 653 mil 768 personas han resultado damnificadas.

Para la INTERPOL existen 3 tipos de desastres masivos: los abiertos (se desconoce el número exacto de personas afectadas); cerrados (se cuenta con algún tipo de cotejo o lista que verifique el número de personas afectadas); y mixto (el cual es una combinación de ambos eventos)(INTERPOL, 2014).

En México hemos contado durante este periodo con estos tres tipos de eventos, los cuales los que más muertes causaron fueron los huracanes Ingrid y Manuel del 2013 donde tan solo en el estado de Guerrero perdieron la vida 105 personas, el huracán Stan en Chiapas del 2003 (86 fallecidos) o la explosión de las minas Pasta de Conchos en Coahuila, que dejo un saldo de 66 muertos (Ángel, A. 2017).

Pero si consultamos datos fuera de este periodo, la lista de desastres aumenta, así como el número de víctimas mortales; en la categoría de desastres naturales más de 12, 602 personas perdieron la vida desde 1959 (Ángeles., 2015; Castillo, 2019; CENAPRED, 2017). Otros eventos antrópicos como colisiones, explosiones y desastres aéreos desde 1969 suman más 1,300 víctimas mortales (Avalos-Bravo, V. et al, 2019; Arteaga, 2018; López-Molina, A. et al., 2012). Hay que resaltar que el mejoramiento tecnológico y su accesibilidad han jugado un papel muy importante en la prevención de eventos potencialmente mortíferos, así como la creación de protocolos de actuación por parte de las autoridades mexicanas como lo es el Plan DNIII desplegado por las fuerzas armadas desde 1965, y la creación del Sistema de Alertamiento Sísmico desde 1995 ha ayudado en la reducción del 90% de las pérdidas humanas ante eventos geológicos (SPC., 2011; LGPC, 2018).

Situación actual en la identificación de personas en México

A lo largo del tiempo, se han ido diseñado protocolos y planes de acción por parte de diversos organismos nacionales e internacionales para responder a dichos eventos. Sin embargo, lo que sucede en un país no tiene los mismos resultados en otro, pues todos atienden a contextos específicos y muy diferentes, lo que implica grandes retos, sobre todo a la hora de ver cómo aplicar procedimientos. Podemos resumir que “cada desastre masivo es único y requiere respuestas diversas dependiendo del lugar dónde se produzca y de los especialistas disponibles para actuar inmediatamente, así como de la coordinación que haya a nivel gubernamental para la contención y solución de los mismos” (Corrales, L et al.).

Por otro lado, el gobierno federal ha reconocido la crisis de desaparición de personas y la crisis forense en México. Hoy hay más de 30,000 personas no identificadas en los servicios periciales de México, tal como informó en 2020 la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). Esta crisis forense tiene como resultado la creación de institutos regionales para la identificación, además de contar con la habilitación de nuevos cementerios forenses para intentar subsanar el rezago estatal (Segob, 2018a, 2020).

Mencionar y contextualizar la situación forense en nuestro país es de suma importancia para poder reconocer desde el ámbito académico que no existen protocolos nacionales homologados para actuación en caso de algún siniestro que deje un alto número de personas desaparecidas y fallecidas a consecuencia de un desastre masivo, a excepción de la muy reciente “Guía para el manejo de cadáveres por COVID-19” (SSA, 2020).

Así como el Estado y nuestras autoridades deben estar preparados para responder de manera efectiva ante un desastre natural o antrópico para brindar atención inmediata a los sobrevivientes, heridos, y mantener los servicios básicos, también es su responsabilidad poner atención al manejo y la disposición final de las personas fallecidas que se pudieran presentar, sin importar su número. En muchas ocasiones, este último punto no ha sido tratado con la profundidad que el caso amerita, incluso se lo ha dejado de lado y los esfuerzos van enfocados hacia los dos primero (OPS, 2004), pero no podemos ignorar la búsqueda, rescate e identificación de las personas fallecidas, y todo lo que conlleva este impacto a los familiares y a las comunidades. Hay que tener en cuenta que, en México por ley se deben atender, buscar, localizar y enmendar el daño.

En el caso del Manual de Procedimientos Operativos en Salud para Casos de Desastre de la Secretaria de Salud versión 2017, no incluye o menciona un protocolo para el manejo masivo de cadáveres. El Plan DNIII no habla específicamente de su actuación o procedimientos ante un manejo masivo de fallecidos (Cienfuegos, 2008). De la misma manera, la Ley General de Protección Civil (Segob, 2018b), tampoco deja claro su papel en dichos rubros. En el caso del gobierno de la Ciudad de México, se cuenta con el Acuerdo de Coordinación Interinstitucional para el Manejo de Cadáveres en caso de Siniestro versión 2011, el cual no se aplicó uniformemente durante el suceso del 2017(Ahued-Ortega, 2018).

La importancia de la antropología forense en la identificación masiva en México por desastre

 Si realizamos un recuento breve de la importancia de contar con expertos forenses posteriormente a un desastre masivo donde dejó un alto número de personas por identificar, sabemos que existe un parte aguas con la aplicación de la genética forense, sin embargo, no en todos los escenarios es factible o económicamente viable para el estado (Ampudia García, 2012; Hartman et al., 2011; Jain Rajoo et al., 2009; Lessig Rothschild, 2012; O’Donnell, Iino et al., 2011; Ohki, 2013; Sribanditmongkol, 2007; Winskog et al., 2012); es por esto que a lo largo del mundo la aportación de la antropología forense desde el lugar del siniestro brinda un conocimiento técnico científico con sus respectivas limitaciones acordes a la complejidad del evento. No obstante, los antropólogos forenses tienen potencial para la búsqueda, localización, registro, levantamiento, procesamiento además de realizar pre identificaciones a través de características somatológicas in situ, como odontogramas, aplicación de fichas ante mortem y/o post mortem o la participación en el registro de inhumación y/o exhumación en fosas (Blau et al., 2011; Cattaneo et al., 2006; Mundorff, 2012; Sribanditmongkol et al., 2007).

Por último, en México faltaría la creación de un documento oficial y homologado que sea interinstitucional y holístico, específicamente para atender el manejo de personas fallecidas a consecuencia de algún desastre masivo natural o antrópico, el cual se dé a conocer a las diversas dependencias, instituciones y brigadas para su oportuna actuación y aplicación. Por esta razón, se debería considerar en este nuevo movimiento forense en México la oportunidad de incluir en las Fiscalías estatales, Comisiones locales de búsqueda, Protección Civil local y Secretaria de Salud estatal, una sección y adecuación de su estructura y organigrama que incluya un apartado para la atención en caso de desastres masivos para ayudar a generar nuevas capacitaciones, simulacros, organización de recursos y personal, así como infraestructura.

Dentro de dicho documento propuesto, es indispensable iniciar con el comando de incidentes (Navarrete Prida, 2018), triaje in situ (INSARAG, 2015) y, además, consultar e incluir en el programa operacional a especialistas en antropología forense (tanto biológicos como sociales), odontólogos forenses, dactiloscopistas, radiólogos, patólogos, genetistas, criminólogos y fotógrafos forenses (ALAF, 2016; CICR, 2004, 2006, 2009); estos equipos multidisciplinarios se sumarán a los brigadistas de rescatistas, personal de protección civil, psicólogos entre otros. Todo esto, con la finalidad de contener, procesar y manejar un alto número de personas fallecidas por identificar, evitando en todo momento que los familiares o la comunidad inmediatamente afectada realice dichos procesos de identificación, así como inhumaciones sin certificados y/o acta de defunción, carpeta de investigación, fosas colectivas comunes entre otros delitos y violaciones a los derechos humanos.

Glosario

Ante mortem: Lesiones o afectaciones en vida que generaron daños en el organismo, pero que, pasaron por un proceso fisiológico de regeneración y/o recuperación.

Antrópico: Acción directa o indirecta del hombre, o de las sociedades humanas.

Desastre: Entendido como un evento atípico que irrumpe el orden cotidiano de una población, su origen puede ser natural o a consecuencia del acto humano.

Exhumación: Proceso legal y/o cultural de retirar o reubicar el cuerpo o los restos del espacio físico destinado a la muerte.

Inhumación: Proceso legal y/o cultural de llevar a cabo la deposición o destino final de una persona fallecida.  

In situ: Que ocurrió en un lugar determinado o especifico.

Siniestro: Hecho imprevisto que provoca afectaciones humanas, materiales, económicos u otras.

Triaje: Protocolo de intervención, cuyo objetivo es seleccionar y clasificar pacientes de acuerdo a la probabilidad de sobrevivencia en una emergencia o desastre.

Post mortem: Afectación o alteración que ocurre posterior al cese de las funciones vitales.

Crédito de imagen: iStock.com/hxdbzxy