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La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) califica la situación actual en México como una crisis humanitaria. Desde que el entonces presidente Felipe Calderón declarara la llamada guerra contra el narcotráfico en el año 2006, el número de víctimas de homicidios ha ido aumentando cada año, a la par que el número de personas no identificadas. Al término del 2019, 37. 443 cuerpos siguen sin poder ser identificados, según la cifra oficial. Nadie sabe cuántos forman parte de la lista de las 61. 637 personas declaradas desaparecidas en México, y solo se puede especular sobre dónde se encuentran los restos humanos de los demás desaparecidos, la mayoría de los cuales se presume no están vivos. Considerando el desarrollo de los últimos años, es razonable pensar que muchas más fosas clandestinas podrían ser descubiertas en un futuro. Dependiendo del intervalo post mortem y de las condiciones del suelo en cada fosa, es posible que solo se recuperen estructuras óseas y dentales. Aunque a veces esto hace que la identificación sea mucho más difícil, el objetivo primordial debe ser restaurar la identidad del cuerpo desconocido lo antes posible con el fin de dar certeza a los familiares y allegados, posibilitando así, el proceso de duelo. 

¿Qué información nos pueden proporcionar los huesos para la identificación de un individuo?

Los huesos no solo sirven como una estructura estable de nuestro cuerpo, sino que adaptan a cargas mecánicas y se regeneran después de una lesión. Por consiguiente, además del perfil biológico (sexo, edad al momento de fallecer, estatura, origen étnico), los huesos también pueden proporcionar información sobre, fracturas, malformaciones óseas, ciertas enfermedades metabólicas, entre otras condiciones de salud. Es por esto que el objetivo del análisis osteológico  es reunir la mayor cantidad de información posible sobre el individuo y, en el mejor de los casos, llegar a una sospecha de identidad. Esta sospecha podría entonces ser corroborada o desechada oportunamente con nuevas investigaciones, en particular de ADN. En términos restrictivos, cabe mencionar que el examen de la osamenta (casi) completa puede arrojar información más acertada, mientras que la validez del examen de un solo hueso o, incluso, de un pequeño fragmento es (significativamente) limitada.

 

Figura 1. Huesos organizados de un varón de mediana edad. Fotografía por: F. Holz

Sexo

El diagnóstico del sexo en los huesos se basa en una evaluación de las diferencias específicas de cada sexo, especialmente en el cráneo, la pelvis y los huesos largos. En todos los grupos humanos, los individuos masculinos tienen en promedio una altura corporal mayor y una musculatura más pronunciada que los individuos femeninos; los huesos del sexo masculino se describen generalmente como más grandes, más pesados e irregulares. 

La función de la cintura pélvica es conectar la extremidad inferior con el torso, como origen e inserción de los músculos y como protección de los órganos internos. La pelvis femenina debe adaptarse además a embarazos y partos. Por lo tanto, las pelvis del hombre y de la mujer difieren especialmente en lo que respecta a la forma de la entrada pélvica (f, elíptica; m, en forma de corazón), el tamaño del ángulo entre las dos ramas púbicas (ángulo subpúbico: femenino, obtuso; masculino, puntiagudo), y la forma del foramen obturador (foramen obturatum: f, triangular; m, ovalado). 

Sin embargo, también hay varios indicadores en el cráneo que pueden utilizarse para determinar el sexo. Entre los más importantes cabe citar la glabela, es decir, la zona sin pelo entre las cejas (f, ausente; m, muy prominente, marcada en rojo), la apófisis mastoides en el hueso temporal, detrás del conducto auditivo externo (processus mastoideus: f, pequeño, no ranurado; m, muy prominente, ranurado, marcado en verde), el relieve de la inserción muscular en la parte posterior del cráneo (planum nuchale: f: plano, suave; m, muy rugoso, con inserciones musculares muy pronunciadas, marcado en azul) y el hueso cigomático (processus zygomaticus: f, bajo, delgado; m, muy alto, robusto, marcado en amarillo). 

Incluso los huesos largos de brazos y piernas (húmero, fémur, cúbito, radio y tibia) dan una indicación del sexo por su tamaño y forma, especialmente por los rasgos de las inserciones musculares. Por ejemplo, existen parámetros para la determinación del sexo basados en el diámetro de la cabeza femoral y en el diámetro del fémur.

Figura 2. Ejemplo de cráneos tipo femenino (arriba) y masculino (abajo). Fotografía por: F. Holz.

Edad 

Junto con el sexo, la edad muestra información biológica esencial de un individuo. En la infancia, el desarrollo dentario permite hacer estimaciones muy fiables de la edad. Al final del desarrollo dentario (sin muelas del juicio) y antes de que el crecimiento longitudinal del esqueleto termine, la edad se puede estimar de manera fiable en función del perfil de los cartílagos de crecimiento abiertos o ya cerrados en los huesos. La edad del esqueleto adulto se determina estableciendo y ponderando diversas características, tales como los signos generales de desgaste (por ejemplo, las superficies oclusivas de los dientes), el remodelado óseo (por ejemplo, la estructura de las placas de crecimiento de los huesos largos) y los cambios articulares (por ejemplo, la artrosis), o el grado de osificación de las suturas craneales.

Al determinar la edad debe tenerse en cuenta la distinción entre la edad cronológica y la edad biológica. La edad cronológica de una persona describe los años vividos desde su nacimiento y, por lo tanto, es una medida que puede ser fechada con exactitud. En cambio, la edad biológica representa la edad individual medida por el estado físico de desarrollo o desgaste. Diversos factores, como la disposición genética, el estilo de vida, las enfermedades y los impactos ambientales pueden dar lugar a diferencias entre la edad cronológica y la biológica. A fin de obtener el mayor número posible de elementos probatorios para deducir la edad biológica, se suelen combinar varios métodos de estimación de la edad en el caso de una osamenta completa. 

Estatura

A partir del hecho de que los huesos largos de los brazos y de las piernas tienen una relación lineal con la estatura total, esta se puede calcular. Al determinar la longitud del brazo o del fémur se puede estimar la estatura. Cabe señalar que la fórmula matemática utilizada para reconstruir la estatura depende de la población a estudiar. En principio, las fórmulas matemáticas solo deben utilizarse para los huesos o poblaciones para las que fueron desarrolladas y validadas. Además, los valores calculados no son valores absolutos.

En la mayoría de los casos, debe tenerse en cuenta una posible variación de algunos centímetros.

Figura 3. Ejemplo de un fémur de una mujer de estatura baja y complexión esbelta (arriba), y un hombre de estatura alta y complexión robusta (abajo). Fotografía por: F. Holz.

Evidencias de lesiones

Lesiones que se producen en un momento muy cercano a la muerte (peri mortem) pueden indicar la causa de la muerte. Se debe distinguir entre las lesiones sufridas en vida, de las cuales el individuo sobrevivió durante un período más largo (ante mortem), y las marcas que se produjeron después de la muerte (post mortem). 

Para poder detectar una lesión ante mortem en el hueso deben existir rastros de inicio de procesos de curación, dado que, como se mencionó anteriormente, el hueso es un tejido vivo que responde a las lesiones. Las lesiones ante mortem pueden proporcionar importantes indicios en cuanto a la identidad: la familia y los amigos suelen estar al tanto de las fracturas o de las cirugías óseas que se han producido.

Figura 4. Cráneo de una mujer inicialmente desconocida: identificación a través de la herida de operación sanada en el lado izquierdo del cráneo. Fotografía por: F. Holz

Los cambios post mortem se producen como resultado del desplazamiento intencional o accidental de los huesos por animales o humanos, durante la reubicación o la recuperación, o como resultado de la presión de suelo y vegetación. El criterio de diagnóstico diferencial más importante es que, en el caso de cambios post mortem, la coloración de las superficies de la fractura suele ser significativamente más clara que la del resto de la superficie ósea. Además, la ausencia de signos de descomposición en la superficie de las fracturas, con signos de descomposición existentes en el tejido óseo restante, indica un origen post mortem.

En principio, todos los rastros de lesiones que no puedan identificarse como ante o post mortem deben clasificarse como peri mortem. La posible causa de muerte u otra conexión con la ocurrencia de la muerte deben ser analizadas dependiendo de la ubicación y la gravedad de las lesiones. La superficie de las fracturas que se producen peri mortem suele mostrar la misma coloración que el resto de la superficie ósea y  los signos de descomposición son semejantes.

Análisis de ADN 

El análisis forense de ADN es una herramienta muy poderosa para la identificación de hallazgos óseos o dentales. El material de análisis más adecuado suele ser un diente o la estructura ósea compacta de los huesos largos. Se han elaborado procedimientos especiales de muestreo y limpieza. Sin embargo, resulta difícil estimar las posibilidades de éxito según sea el caso, ya que, en particular, el ambiente y los daños que sufren las estructuras óseas y dentales durante intervalo post mortem pueden llegar a complicar el análisis.

Si se logra la amplificación de los sistemas de STR (short tandem repeat), el material óseo desconocido podría ser cotejado con un archivo de análisis de ADN. Siguiendo el ejemplo de muchos otros países, se debería solicitar un archivo para todo México en el que se proporcionen los perfiles de ADN de todas las personas desaparecidas. De esta manera, el perfil de ADN creado de un cuerpo desconocido podría compararse automáticamente con este archivo, estableciendo, en caso ideal, la identidad de la persona.

Recursos adicionales

  1. Bass WB (2005). Human osteology: a laboratory and field manual. 5th edition. Missouri: Archeological Society.
  2. Brothwell DR (1981). Digging up Bones. 3rd edition, Revised and Updated. Ithaca, New York: Cornell University Press.
  3. Holz F, Birngruber CG, Verhoff MA (2017) The forensic relevance of ossuaries-illustrated at the Ossuary of St. Lubentius. Rechtsmedizin. 27:87-92. https://doi.org/10.1007/s00194-016-0140-z
  4. Holz F, Birngruber CG, Verhoff MA (2015) Pre and perimortem bone trauma vs. postmortem damages-Principles of differentiation. Archiv für Kriminologie. 236(1-2):51-63.
  5. Krogman MW (1962). The Human Skeleton In Forensic Medicine. Springfield: Charles C. Thomas.
  6. Reichs KJ (1998). Forensic Osteology. Advances in the Identification of Human Remains. 2nd edition.  Springfield: Charles C. Thomas.
  7. Sargent CF, Johnsen TF (1996). Medical anthropology: contemporary theory and method. London: Praeger.
  8. Verhoff MA (2008). Forensische Osteologie. Problematische Fragestellungen. 1st edition. Berlin: Lehmanns Media.
  9. Verhoff MA, Kreutz K, Jopp E, Kettner M (2013). Forensische Anthropologie im 21. Jahrhundert – Bestandsaufnahme. Rechtsmedizin. 23:79-84. https://doi.org/10.1007/s00194-013-0873-x
  10. White TD, Folkens PA (2005) The Human Bone Manual. 1st edition. Oxford: Academic Press of Elsevier.
  11. White TD, Black MT, Folkens PA (2012) Humen Osteology. 3rd edition. Oxford: Academic Press of Elsevier.

Crédito de imagen: iStock.com/wellphoto