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Resumen

El presente trabajo describe el uso antropológico y forense de la morfología dental para la identificación de la pertenencia étnica de un individuo o de una población. A partir de un breve recorrido de la historia de la morfología dental, desde la descripción del primer rasgo en 1842, el trabajo discute la problemática de identificación de ascendencia étnica desde la perspectiva de las frecuencias relativas de expresión de los rasgos en generales y, como ejemplo, de algunos en particular. Ventajas y limitantes de los rasgos morfológicos dentales para la aplicación forense de estimación étnica son analizadas, en particular modo desde la perspectiva de la variabilidad interna a cada población, en relación con la historia evolutiva de cada una, poniendo énfasis en el concepto de la población hispana y de su muy peculiar historia evolutiva y de mestizaje.

Palabras claves: morfología dental, ascendencia étnica, odontología forense, identificación del esqueleto 

Abstract

The present work focuses on the forensic and anthropological applications of dental morphological traits for the assessment of ethnic ancestry of human skeletal remains. Following a very brief and synthetic review of the history of dental morphology, since 1842 when the first trait was described, this paper centers on the ethnic ancestry based on the relative frequency of expression of dental traits in general, and more in detail for a few of them. Benefits and limitations of dental morphological traits are discussed in their application in anthropological and forensic use. This is particularly true when intra-group variability is considered, given the different evolutionary history of each population; particular emphasis is given to the Hispanic population and its peculiar and regionally much diversified process of genetic admixture after colonization.

Keywords: dental morphology, ethnic ancestry, forensic odontology, skeletal identification 

Todos los Homo sapiens, desde su aparición como especie, comparten determinados componentes estructurales de su dentición. Tendencialmente, cada uno de nosotros presenta dos incisivos, un canino, dos premolares y tres molares en cada emiarcada, por un total de 32 dientes permanentes, después de haber pasado por una dentición decidua (de leche) que consta de 20 dientes. Los dientes son estructuras caracterizadas por tener una fuerte regulación genética, además de ser muy estables en los que son los procesos microevolutivos de las poblaciones. Sin embargo, alrededor de estas características compartidas, existe una variabilidad en cuanto a forma y tamaño. Por ejemplo, mismos molares presentan cuatro, cinco o seis cúspides en su corona (Figura 1 a,b,c), y pueden presentar una séptima cúspide independientemente si presentan las cúspides 5 y 6 (Figura 2).

Figura 1 (a)

Figura 1 (b)

Figura 1 (c)

Figura 1. (a) Segundo molar mandibular que presenta solo cuatro cúspides. Como se aprecia en el círculo negro, no hay una cúspide distal; (b) segundo molar mandibular que presenta cinco cúspides. Como se aprecia e el círculo negro, además de las cuatro cúspides regulares, hay una quinta cúspide triangular en dirección del tercer molar; (c) segundo molar mandibular que presenta dos cúspides triangulares en la porción distal de la corona, además de las cuatro cúspides regulares.

Figura 2

Figura 2. Cúspide accesoria en un primer molar mandibular. El círculo negro rodea una cúspide triangula ubicada en el centro de la cara lingual del diente. Esta cúspide, por convención, se define “séptima cúspide” independientemente del número real de cúspides presentes en el diente (en este caso, el molar presenta cinco cúspides además de la séptima). No se puede definir como sexta cúspide porque la sexta, anatómicamente, se encuentra a lado de la quinta.

Asimismo, pueden tener una, dos o tres raíces. Los incisivos pueden presentar su cara lingual plana, o manifestar bordes más o menos marcados que le confieren una apariencia similar a una pala (el bien conocido incisivo de pala) (Figura 3). Pueden presentar o menos tubérculos en su cara lingual (Figura 4 a,b) y estos pueden variar de una pequeña cresta hasta una protuberancia con cúspide propia. Algunos rasgos se manifiestan de manera cuantitativa continua, otros son cuantitativos discontinuos, y otros son estrictamente cualitativos (presente o ausente).

Figura 3

Figura 3. Imagen del incisivo central maxilar (más grande e identificado por la flecha), y incisivo lateral maxilar (más pequeño) a su lado. Como se puede apreciar, los bordes de estos dos dientes son el relieve y asemejan los dientes a una “pala” para excavar. De allá el nombre de incisivo de “pala”.

Figura 4 (a)

Figura 4 (b)

Figura 4. (a) El incisivo central maxilar y el canino presentan protuberancias (tubérculos) en su cara lingual (indicados por las flechas); (b) los mismos dientes de otro individuo (véase las flechas) no presentan estos tubérculos.

El interés por la morfología dental empieza en el siglo XIX, cuando George von Carabelli, en 1842 describe por primera vez un tubérculo accesorio en la cara lingual del primer molar superior, mismo que tomaría su nombre (el tubérculo de Carabelli) (Figura 5). Sin embargo, es en la primera mitad del siglo XX que se desarrollarían los estudios de morfología dental, con el análisis detallado del incisivo en forma de pala por parte de Alex Hrdlicka (1), quien, basándose en una aproximación taxonómica, demuestra la asociación de este rasgo con poblaciones del noreste de Asia y del continente americano. De ese momento en adelante, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XX y hasta la fecha actual, estudios de morfología dental se han vuelto cada vez más comunes, tanto en poblaciones actuales como en poblaciones arqueológicas recientes y antiguas. Estos estudios abarcan marcos geográficos que varían de contextos regionales hasta comparativos entre continentes. La finalidad de los estudios de morfología dental es de reconstruir patrones de afinidad poblacional para así hacer inferencias sobre los fenómenos evolutivos que han caracterizado la población humana a lo largo del tiempo. Patrones dentales que caracterizan determinados grandes grupos han sido publicados para poblaciones asiáticas del norte y del sur, europeas, africanas, americanas, hasta para poblaciones del Paleolítico superior.

Figura 5

Figura 5. Protuberancia en la cara disto-lingual del primer molar maxilar denominada Tubérculo de Carabelli (evidenciado en el círculo).

Entre las numerosas publicaciones que han ido acumulándose a lo largo de los años, destaca por ejemplo, solo para mencionar una, la de Christy G. Turner II en 1990 (2), en la cual en autor discute la diferencia existente entre el patrón dental que caracteriza a las poblaciones del sur de Asia (Sundadonte) y el patrón dental de las poblaciones que habitan Siberia y el noreste del continente asiático (Sinodonte), y las implicaciones que esto ha tenido en el proceso del poblamiento del continente americano que, como bien sabemos, tuvo lugar en el Pleistoceno Tardío (alrededor del 16,000-17,000 años antes del presente) desde la región de Beringia.

En este contexto, así como en todos los demás, es necesario hacer hincapié que cada diente presenta variaciones en su forma y estas variaciones se pueden expresar, en términos de frecuencias porcentuales, de diferentes maneras dependiendo de las poblaciones. No omito señalar que en este texto no usaré el término “raza” – que no tiene ningún sustento biológico, al ser un concepto exclusivamente cultural -, sino “etnia” o “población”. Con base en esto, por ejemplo, los patrones Sundadontes y Sinodontes difieren el uno del otro en las diferentes frecuencias de expresión de los rasgos dentales. Es importante recordar, sin embargo, que ningún rasgo es “exclusivo” de una etnia; simplemente se expresa en mayores o menores frecuencias. Obviamente, hay rasgos que son más representativos de determinados grupos y otros que no son realmente muy discriminantes.

Actualmente, el registro de los rasgos morfológicos dentales se basa en el sistema ASUDAS (por su sigla en inglés – Arizona State University Dental Anthropology System – Sistema de Antropología Dental de la Universidad Estatal de Arizona) que utiliza placas de referencias, en las cuales rasgos continuos, tales como: la pala, la doble pala, el tamaño de las cúspides o tubérculos, son transformados en datos cuantitativos discontinuos representativos del grado de expresión del rasgo mismo (Figura 6). Al mismo tiempo, existen rasgos que no requieren de dicha transformación, como el número de cúspides, número de raíces, presencia de crestas y más (3).

Figura 6

Figura 6. Placa estándar del sistema ASUDAS donde se aprecia la variabilidad en la forma de pala de los incisivos laterales maxilares. El grado cero no presenta bordes sobresalientes, mientras que estos van aumentando hasta crear un diente en forma de tubo (grado 7).

En la “Biblia” de la morfología dental, Scott y Turner (4) publican las frecuencias de una amplia serie de rasgos morfológicos en diferentes poblaciones en el mundo. Rasgos como la pala en los incisivos son típicos de poblaciones de origen norte asiático, así como de las poblaciones indígenas del continente americano. En Mesoamérica, este rasgo se encuentra en más del 90% de los individuos de descendencia indígena, o mestizos, mientras que en poblaciones del Viejo Mundo (África y Europa) este rasgo no alcanza en promedio el 20% de los casos. En cambio, los primeros molares mandibulares con cuatro cúspides prevalen en poblaciones de ascendencia europea y son prácticamente desconocidos en poblaciones del Nuevo Mundo, cuyos molares presentan cinco o seis cúspides. Los africanos no presentan doble pala en los incisivos, pero sí presentan hasta un 40% de caninos superiores con un particular borde mesial o una cúspide accesoria en los molares (la que se define séptima cúspide – Figura 2). El tubérculo del Carabelli (el primer rasgo a ser descrito en 1842 – Figura 5), inicialmente considerado una característica de las poblaciones europeas, tiene en realizad una distribución más heterogénea de lo que se pensaba a lo largo de las diferentes etnias en el globo.

Si el estudio de morfología dental se ha centrado principalmente en los procesos microevolutivos de afinidad morfológica entre poblaciones, es durante la década de 1950 que se perciben las potencialidades que tiene la morfología dental para estudios forenses, cuya finalidad es identificar ascendencia étnica y posiblemente la identidad de un individuo a partir de sus características dentales. Es útil tener presente que los dientes son muy útiles en la estimación de la edad del individuo, basándonos en el grado de formación y erupción durante la edad subadulta y en el grado de desgaste en la edad adulta. En cambio, a nivel morfológicos los dientes no presentan un dimorfismo sexual, en otras palabras, no permiten determinar si un individuo es femenino o masculino. Pese a esta limitante objetiva, entonces, surge la pregunta de cómo la morfología dental puede contribuir a la investigación forense. No debemos olvidar que, por mucho tiempo, las diferentes etnias se identificaban por medio de rasgos cuantitativos y cualitativos en el cráneo (5).

A finales del siglo XX es cuando se empiezan a introducir los rasgos morfológicos dentales en las labores forenses de identificación de individuos. Esto ocurrió sobre todo (aunque no exclusivamente) en los estados fronterizos del sur de los Estados Unidos de América, y también Florida, debido al ingreso clandestino de grupos procedentes de estados de Centro y Suramérica. Cada estado, desde California hasta Texas, ha trabajado para desarrollar protocolos de identificación esquelética. Esto, en particular modo, con la finalidad de identificar la pertenencia de individuos no identificados a un genérico grupo “Hispano”. En un principio, de todos los rasgos morfológicos existentes, solo se usaba un conjunto muy limitado, principalmente el incisivo de pala que, como hemos mencionado arriba, es un rasgo muy frecuente en Centroamérica.

Sin embargo, debido a la amplia representatividad de diferentes grupos étnicos en nuestro vecino del norte, resultaba importante caracterizar varios grupos de diferentes ascendencias étnicas: en primer lugar, los nativos indígenas y después los americanos de ascendencia africana, europea, asiática e hispana. Con base en esta complejidad de análisis, queda evidente que un solo o muy pocos rasgos no permiten definir la etnia de ascendencia; la pala caracteriza tanto individuos de ascendencia hispana como asiática. Su ausencia, en cambio, acomuna tanto a los africanos como a los europeos. Quedaba patente la necesidad de poder contar con una mayor y más detallada información morfológica. En efecto, en estudios recientes Edgar (6-7) discuten que la probabilidad de poder estimar la pertenencia a un grupo étnico con base solo en uno o dos rasgos morfológicos (la pala de los incisivos y el tubérculo de Carabelli) es muy limitada y pocos rasgos no son lo suficientemente discriminantes.

Es propio por estas razones que Edgar y Ousley (7) aplican análisis estadísticos de funciones discriminantes y de regresión logística a seis grupos de poblaciones – indígenas de América, americanos de origen africana, asiática y europea, e Hispanos del suroeste y del este (Florida). En el caso de estos dos últimos grupos, pese a que todos sean definidos como “Hispanos”, los autores notan como su origen sea de contextos históricos diferentes: los del este derivan, principalmente, sino exclusivamente, de las islas caribeñas, donde la herencia africana es bastante elevada. En cambio, los del oeste tienen en México y Centroamérica sus enlaces genéticos. Sin embargo, los resultados indican un bajo éxito en discriminar entre Hispanos y asiáticos, debido al origen asiático de las poblaciones hispanas desde el poblamiento del continente.

Pese a esto, no debemos dejar de lado el hecho que el término “Hispano” es muy amplio, incluyente y agrupa poblaciones genética y geográficamente diferentes, con diferentes historias microevolutivas. Como ya se mencionó, a lo largo de los últimos quinientos años, diferentes regiones han vivido diferentes procesos de mestizaje. Las regiones del Caribe (Cuba, República Dominicana y más) están caracterizadas por una fuerte ascendencia africana y europea. Esto difiere mucho de lo que ocurrió en México, por ejemplo, para el cual la africana es sí la tercera raíz; sin embargo, su presencia en la estructura genética de la población mestiza se queda alrededor del 5-10%, cuando mucho. En cambio, la influencia europea es mucho más fuerte, aunque la llegada en tiempos más recientes de migraciones desde el noreste de Asia balancea el efecto de la presencia europea. Aún adentro del mismo país, el proceso de mestizaje, y los efectos que éste puede tener en la estructura morfológica dental, no ha sido homogéneo. Las regiones del centro y del norte de México han experimentado un mayor flujo migratorio desde el extranjero, debido a las oportunidades económicas y laborales. En cambio, las regiones más pobres del sureste del país han mantenido una más elevada componente indígena. Esto se aprecia a nivel de morfología dental en un estudio reciente de quien suscribe, todavía no publicado. Dos muestras yucatecas de Mérida, una de principio del siglo XX y la otra de una muestra forense de uno de los cementerios de la ciudad, se asemejan morfológicamente con la estructura dental de poblaciones prehispánicas (no afectadas por los procesos de mestizaje coloniales) y se alejan de manera muy marcada de los grupos de comparación europeos y africanos que supuestamente son los que predominaron en el proceso de mestizaje.

Los análisis estadísticos dirigidos a identificar el grupo de pertenencia de un individuo, sean estos análisis de funciones discriminantes, regresiones logísticas, medición media de divergencia u otros, requieren en primer lugar de una contextualización morfológica. Por obvias razones, en el ámbito forense de identificación étnica de un individuo, es necesario tener conocimiento de la variabilidad interna de una población, así como de la variabilidad y características de los otros grupos étnicos, debido a que ningún individuo presenta las mismas particularidades de los demás. Resulta interesante notar como la revisión de la literatura pone en evidencia hasta la fecha un acercamiento todavía poblacional en las aplicaciones forenses de los estudios de morfología dental. Una excepción es un estudio reciente, publicado en 2018 (8), que utiliza un algoritmo que permite estimar la probabilidad a posteriori de que un individuo pertenezca a un grupo étnico o a otro. Este algoritmo, que se basa en un modelo de clasificación bayesiana simplificada y que es accesible a través de una página web abierta (http://osteomics.com/rASUDAS2), permite insertar el grado de expresión de 32 rasgos dentales; con base en la combinación y expresión de los rasgos, el modelo permite calcular la probabilidad a posteriori de pertenecer a los siguientes grupos: Ártico americano & noreste de Asia, Australo-Melanesia & Micronesia, Asia del este, Norte y Suramérica, Asia del sureste & Polinesia, África sub-sahariana, y por último Eurasia occidental. Desafortunadamente, como podemos apreciar, el continente americano sigue siendo considerado como un único grande grupo, pese a las diferencias que pueden existir.

En conclusión, las aplicaciones forenses de la morfología dental han recibido una fuerte aceleración en las últimas dos décadas. Son necesarias, todavía, bases de datos de referencias más específicas y actualizadas, que no abarquen cronologías y regiones demasiado amplias, y que más bien permitan la asignación de individuos a grupos más específicos, en los límites de la variabilidad que existe en la morfología dental, dejando a un lado las grandes agrupaciones que todavía caracterizan la ascendencia étnica en la antropología forense.

Glosario

Ascendencia étnica: Origen genético de un individuo o de una población.

Beringia: Región representada por el Estrecho de Bering que separa Alaska de Siberia. Durante la última glaciación, esta región se encontraba arriba del nivel del mar y formó un puente helado que conectaba Siberia con el continente americano.

Bucal: de las cuatro caras verticales de la corona, se define cara bucal la superficie que se encuentra hacia la boca o las mejillas.

Corona: porción del diente recubierta de esmalte que forma la parte visible del diente.

Cúspides: Punta sobresaliente de la corona de un diente. Los caninos presentan una cúspide, los premolares dos y los molares varían entre tres y seis, aunque la forma básica de estos últimos prevé cuatro cúspides.

Distal: de las cuatro caras verticales de la corona, se define cara distal la superficie que se encuentra más alejada del plano central de la cara

Lingual: de las cuatro caras verticales de la corona, se define cara lingual la superficie que se encuentra mirando hacia el interior de la boca, o sea hacia la lengua.

Mesial: de las cuatro caras verticales de la corona, se define cara mesial la superficie que se encuentra hacia el plano central (mesial) de la cara. Por ejemplo, los dos incisivos centrales se “tocan” en sus respectivas caras mesiales.

Raíz: porción del diente que se encuentra en el hueso alveolar y que ancla la pieza dentaria al hueso.

Rasgos morfológicos dentales: Todas aquellas características que contribuyen a la forma de una pieza dental. Estas abarcan forma, número y tamaño de las cúspides, forma y número de raíces, presencia de tubérculos, crestas, surcos, etc.

Sinodontes: Definición acuñada por Turner (1990) para definir los patrones dentales de poblaciones del noreste de Asia y América. Están caracterizados por particulares frecuencias de rasgos como, por ejemplo, una elevada frecuencia de pala de los incisivos.

Sundadontes: Definición acuñada por Turner (1990) para definir los patrones dentales de poblaciones del sur de Asia y Australo-Melanesia. Están caracterizados por frecuencias de rasgos técnicamente opuestas a las de los Sinodontes.

Tubérculo: Protuberancia accesoria en la superficie de esmalte que no alcanza a tener una punta con márgenes libres.

Referencias

Hrdlicka A. Shovel-shaped teeth. Am J Phys Anthropol 1920; 3:429-65.

Turner II CG. Major features of Sundadonty and Sinodonty including suggestions about East Asian microevolution, population history and Late Pleistocene relationships with Australian Aboriginals. Am J Phys Anthropol 1990; 82:295-317.

Scott GR, Turner II CG, Townsend GC, Martinón-Torres M. The anthropology of modern human teeth. Dental morphology and its variation in recent and fossil Homo sapiens, 2a edición. Cambridge: Cambridge University Press; 2018.

Scott GR, Turner II CG. The anthropology of modern human teeth. Cambridge: Cambridge University Press; 1997.

Gill G, Rhine S. Skeletal attribution of race. Maxwell Museum of Anthropology, Anthropological Papers No. 4. Albuquerque: University of New Mexico Press; 1990.

Edgar HJD. Estimation of ancestry using dental morphological characteristics. J Forens Sciences 2013, 58:(Suppl 1)S3-S8.

Edgar HJD, Ousley SD (2013). New approaches to the use of dental morphology in forensic contexts. En: Scott GR, Irish JD editors. Anthropological perspectives on tooth morphology, Cambridge: Cambridge University Press; 2013 (510-34)

Scott GR, Pilloud MA., Navega D, d’Oliveira Coelho J, Cunha E, Irish J. RASUDAS: A new web-based application for estimating ancestry from tooth morphology. Forens Anthropol 2018; 1:18-31.

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